Good bye, San Pedro (Espérame en el cielo)

Mira que te lo hemos dicho veces: cuídate, come en condiciones, no fumes tanto, no bebas tantas cocacolas. Y “mañana era nunca”...

Ahora que el sol entra por la ventana y te produce un escalofrío de placer por todo lo que evoca. Ahora que huele a campo, a mini de calimotxo, a arena de playa, a mar…
Ahora, y precisamente ahora, nos has traído la nube negra a nuestro cielo. Bueno, tú no, la vida, que además de larga y dura, a veces “es puta”.

Llueve en mi corazón, y en el de todos, yo lo sé. No nos prives de tu maravillosa sonrisa, de tus ocurrencias imposibles y curiosas, de tus ojos de mar, de tus juegos de palabras sin traducción, de tu inocencia salvaje como la de los niños de antes, de tu dar sin recibir, de toda esa bondad que no te cabe en el cuerpo (cada vez más flaco, huesudo y pobre en grasas, figurín), de tu espontaneidad para todo y para todos. De tí, amigo, hermano, hijo, vida.

Y si en algún momento se te olvida, o te entran tentaciones de quitarle las llaves a San Pedro, recuerda siempre que hay un grupo de impresentables que te quieren, aunque hay veces que la vergüenza que no tenemos nos impide expresarnos por la boca.
Que nos quedan muchos kilómetros por recorrer, muchas playas en las que danzar, muchas películas sin diálogo por ver, muchas canciones que bailar en “los eclipses”, muchas nocheviejas que celebrar vestidos de aprendiz de actriz porno.
Que tenemos que hablar de tantas cosas, compañero del alma, compañero…

Eva.